Conde Cero, William Gibson

Se preguntó cuán poderoso podía llegar a ser el dinero, si una tuviera lo bastante, realmente lo bastante. Supuso que sólo los Virek de este mundo podían saberlo en realidad, y con toda seguridad eran funcionalmente incapaces de saberlo; preguntarle a Virek sería como interrogar a un pez para saber más acerca del agua.


En la escuela había utilizado consolas, juguetes que te llevaban a través de los confines infinitos de un espacio que no era tal, la increíblemente compleja alucinación consensual de la humanidad, la matriz, el ciberespacio, donde los enormes núcleos de las corporaciones ardían como novas de neón, tan llenos de datos que te sobrevenía una descarga sensorial si intentabas aprender algo más que un leve esbozo.


Bobby estaba desarrollando una nueva teoría de comportamiento: aún no había pensado en todos los detalles, pero una parte de su teoría estaba vinculada con la idea de que las personas que eran genuinamente peligrosas podían no necesitar en absoluto demostrarlo, y que la capacidad de disimular una amenaza las hacía aún más peligrosas.

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