Memorias del subsuelo, Fedor Dostoievsky

Ahora termino mis días en mi rincón, con ese maligno y vano consuelo de que un hombre inteligente no puede lograr abrirse camino y que solo los necios los consiguen.


En todo tiempo le bastaría sobradamente a cada individuo con la simple conciencia humana, es decir, con la mitad, si no la cuarta parte, de la que suele poseer el hombre inteligente.


Yo soy uno solo, y ellos son todos.


Ellos no comprenden nada de nada, ninguna realidad de ninguna vida. Aceptan, por el contrario, con fantástica necedad, la realidad más evidente, la que salta a la vista, y han adquirido ya la costumbre de no inclinarse sino ante el éxito.


No he hecho sino llevar hasta el último límite en mi vida lo que vosotros, de puro cobardes, no osaríais llevar ni a la mitad; y todavía consideráis vuestra cobardía como prudencia, y queréis consolaros engañándoos a vosotros mismos.

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