Mona Lisa acelerada, William Gibson
Allí la historia se había convertido en una cantidad, una pieza rara, parcelada por el gobierno y preservada por decretos y fondos empresariales. Aquí parecía ser la sustancia misma de las cosas,como si la ciudad fuese un monocultivo de piedra y ladrillo, innumerables estratos de mensaje y significado, era sobre era, generado a lo largo de los siglos según los dictados de algún omnipresente e indescifrable ADN de comercio e imperio.
